lunes, 2 de febrero de 2015

PROBLEMAS DE CONDUCTA

Todos los niños presentan problemas de conducta en alguna etapa de su desarrollo, sobre todo en la infancia y en la adolescencia. Habitualmente las causas pueden ser:
  • Problemas de tipo emocional.
  • Imitación de patrones de comportamiento que provienen de su entorno social o familiar más cercano.
  • Falta de coherencia y consenso en las pautas educativas de los padres u otros familiares.
  • Origen biológico.
  • Secundarios a otros trastornos.
Algunas de las técnicas de modificación de conducta más utilizadas son las siguientes: 


Tanto las familias como los profesionales que trabajan con niños con TEA hacen frente diariamente a los problemas de comportamiento, en algunos casos con una dificultad añadida, los problemas de comunicación. Es difícil dar respuesta a una conducta desadaptativa, puesto que no se conoce el origen de la misma.

Conocer la causa de un problema de conducta no es la solución, pero sí una parte muy importante para llegar a dicha solución. El origen de dicha conducta va a determinar, por tanto, el tipo de estrategia o técnica a emplear.

Los pasos que se deben seguir para hacer frente a un problema de conducta, son los siguientes:

Realizar un análisis funcional de la conducta

Ante la presencia de problemas de conducta es necesario hacer un análisis de dicha conducta para comprenderla tanto contextual como funcionalmente. Para ello debemos elaborar un registro donde anotaremos durante varios días la conducta inapropiada. Este registro deberá contemplar los siguientes aspectos:
  • Antecedente: hechos que han tenido lugar inmediatamente antes de la conducta.
  • Conducta: descripción de lo que realiza el niño por orden de conductas.
  • Consecuencia: respuesta del adulto después de la conducta (ignora, regaña, se enfada, etc).
  • Reacción del niño/a: describir la cadena de respuestas a partir de la consecuencia.. 

Realizar un análisis sobre el propósito de la conducta

Una vez hecho el registro se realiza una hipótesis acerca del propósito de la conducta, es decir, tenemos que averiguar qué función cumple. Esa es la clave para, posteriormente, poner en marcha la técnica de intervención adecuada.
Si realizamos el registro de la conducta durante varios días y con diferentes personas, será más fácil averiguar el por qué de dicha conducta.

Las causas más frecuentes de los problemas de conducta en niños/as con TEA, son:

Problemas en la comunicación: lo que significa que la conducta inadecuada tiene una función comunicativa. El niño/a no puede comunicar aquello que desea y esto desencadena una serie de respuestas movidas por la frustración.

Dificultades en la percepción sensorial: algunas de ellas tienen función autoestimulatoria o, por el contrario, reciben demasiada estimulación, lo que da lugar a conductas que, a pesar de ser inadecuadas, proporcionan seguridad y bienestar al niño/a.

Problemas de origen orgánico: todas aquellas debidas a un dolor o problema médico. En aquellos niños no verbales se añaden las dificultades en la función comunicativa. Los signos que pueden indicar que hay dolor pueden ser: morderse alguna parte del cuerpo para aliviar el dolor, auto-agresión, expresión de angustia, no responder a objetos o actividades favoritas, demasiado movimiento o , al contrario, estarse demasiado quieto. Hay que tener en cuenta que pueden darse muchos otros signos dependiendo del niño/a.

Elaborar las estrategias de intervención

Plantear las estrategias de intervención en conducta no es fácil y, desde casa, es recomendable contar con la colaboración de algún profesional que guíe dicha tarea. Proponemos, de forma general, algunos ejemplos de estrategias para algunas de las dificultades que pueden surgir.

Para las conductas de origen comunicativo:

  • Redirigir: generar una conducta alternativa que reemplace la conducta inadecuada. Por ejemplo, redirigir al panel de comunicación o soporte comunicativo que use habitualmente el niño. Es necesario enseñarle a que se exprese de forma adaptativa.
  • Uso de claves visuales: para explicar aquellas situaciones que generan ansiedad en él.
  • Extinción: no responder ante las rabietas. Ignorar la conducta y no mostrar ninguna emoción, puesto que si respondemos a la rabieta cuando ésta es por un problema de comunicación, dicha rabieta será su forma de comunicarse.
Para las conductas de origen sensorial:

  • Limitar la exposición del niño a algunos estímulos o ambientes que le provoquen ansiedad o nerviosismo.
  • Llevar a cabo sesiones de relajación durante una rabieta o incluso antes de exponerlo a una situación cargada de estímulos.
Para las conductas de origen orgánico:

En los casos en los que el niño está enfermo, es normal que muestre rabietas y conductas inapropiadas. Nuestra labor es ayudarle a comunicar e identificar si está enfermo o le duele algo. Ignorarlo en esta situación solo empeorará la conducta del niño. Para ello podemos usar pictogramas, elaborando un panel de "enfermedades" donde pueda señalar la parte del cuerpo que le duele.

En resumen, señalar que los niños con TEA tienen formas de ser y percibir el mundo que hacen que realicen comportamientos por causas muy diferentes a las que mueven al resto de niños de su edad. Para abordar estas conductas, como hemos dicho, es necesario comprender las causas y, por otra, enseñarles conductas alternativas más adecuadas que cumplan la misma función. Es decir, hay que buscar el equilibrio entre lo que ellos tratan de lograr con este tipo de comportamientos, nuestra forma de enseñarles y el resultado de la conducta.




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